Entretiempo

Barca de madera varada sobre la arena, lejos de la orilla. Al fondo, el mar en calma; cielo y agua se funden en un gris uniforme.

Una barca descansa lejos de la orilla. El mar apenas respira; las olas llegan casi en silencio. Cielo y agua se confunden en un gris perlado que disuelve las fronteras.

Sé que mañana vuelve al agua. Y me pregunto por qué necesito saberlo para mirarla sin inquietud; por qué una barca quieta solo me parece en paz si alguien me asegura que sigue sirviendo.

Entretiempo no es la espera del próximo viaje, sino el intervalo que no rinde cuentas. Sus cicatrices no son un aval. Tampoco la firma de su destino. No trabaja y tampoco está desahuciada: ninguna de las dos cosas la explica.

Le escribí a Luis Alonso que me entretengo con demasiadas cosas. Me contestó desde su blog que él se distrae «con casi cualquier cosa». Llamar a eso perder el tiempo ya es una forma de contabilidad.

Por el momento, la madera aguanta el peso de no ir a ninguna parte.

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