Etiqueta: tiempo

  • Bodegón. Fundación Díaz Caneja

    Bodegón. Fundación Díaz Caneja

    Historia de un vaso I: vaso de cristal con agua y tres muñecas de plástico en bikini sumergidas y apretadas dentro. Al lado, dos pequeños tomates rojos sobre mesa blanca. Fondo de seda verde arrugada.
    Historia de un vaso II: vaso de cristal con agua y una dentadura postiza en el fondo. Al lado, dos pequeños tomates rojos y medio cogollo de lechuga sobre mesa blanca. Fondo de seda verde arrugada.

    No es fácil sorprender o emocionar en un tema tan estudiado y practicado a lo largo de siglos. El bodegón fue, durante siglos, un ejercicio de virtuosismo. Aquí, es un gesto narrativo: un vaso sostiene una historia en dos escenas. En la primera, la tensión del límite; en la segunda, la calma lúcida. En estas dos fotografías tituladas «historia de un vaso», intenté hilar un pequeño relato en el que se cupiera la vida entera, la fugacidad de los días, la vejez, el legado. Desde el desenfado y el humor.

    Pero no solo busqué una descripción entre dos hitos, sino que cada fotografía hablase por sí misma:

    1. La primera muestra imposición de los cuerpos normados en las mujeres, la imposibilidad de escapar de los límites impuestos, la falta de libertad, el ahogo.
    2. La segunda intenta ser una mirada honrada sobre la realidad finita, para que actúe como sortilegio de curación que prepara la vida aceptando la muerte, al estilo de la razón compadecida que Zambrano lee en Séneca. Visualizar para aceptar, aceptar para transformarse.

    Ficha final

    Serie: Bodegón Expandido
    Obra(s) destacada(s): Historia de un vaso I–II (2018)
    Técnica/Proceso: Fotografía digital; impresión pigmentaria sobre lienzo 100% algodón, Canvas premium Artist textured 380, Impresión Giclée 12 tintas.

    Dimensiones: Lienzo con bastidor 80×120 cm · Edición/Tiraje: 1/3
    Archivo/DPI: TIFF 16-bit, 300 dpi
    Exposición: El Bodegón, Museo de Arte Contemporáneo Díaz-Caneja, Palencia (19 sept.–28 oct. 2018)
    Ubicación: Historia de un vaso I: Universidad de Valladolid, Campus de La Yutera (donación, 2023) · Historia de un vaso II: colección particular

    El lienzo Hª de un vaso 1 fue donado a la Universidad de Valladolid, para formar parte del proyecto abierto del Vicerrectorado del Campus de Palencia, «Un campus con arte». Su historia allí la cuento en La mitad de un vaso en la puerta de una biblioteca.

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  • Entretiempo

    Entretiempo

    Una barca descansa lejos de la orilla. El mar apenas respira; las olas llegan casi en silencio. Cielo y agua se confunden en un gris perlado que disuelve las fronteras.

    Sé que mañana vuelve al agua. Y me pregunto por qué necesito saberlo para mirarla sin inquietud; por qué una barca quieta solo me parece en paz si alguien me asegura que sigue sirviendo.

    Entretiempo no es la espera del próximo viaje, sino el intervalo que no rinde cuentas. Sus cicatrices no son un aval. Tampoco la firma de su destino. No trabaja y tampoco está desahuciada: ninguna de las dos cosas la explica.

    Le escribí a Luis Alonso que me entretengo con demasiadas cosas. Me contestó desde su blog que él se distrae «con casi cualquier cosa». Llamar a eso perder el tiempo ya es una forma de contabilidad.

    Por el momento, la madera aguanta el peso de no ir a ninguna parte.

  • La ciudad que amaba…

    La ciudad que amaba…

    Calle de Lisboa con luz de mañana nublada.

    La ciudad que amaba nuestro amigo sigue siendo la misma. Ha habido algún cambio, pero se trata de cambios menores. […] Nosotros ahora vivimos en otra parte, en otra ciudad muy distinta, y más grande. […] Pero cuando regresamos, nos basta con cruzar el vestíbulo de la estación y caminar por la niebla de las avenidas para sentirnos como en nuestra casa.

    Natalia Ginzburg, primeras líneas de «Retrato de un amigo», en Las pequeñas virtudes. Traducción de Celia Filipetto. Barcelona, Acantilado, 2002.

    Ginzburg escribe sobre Turín, y el amigo del retrato es Cesare Pavese. Estas calles son de Lisboa. La ciudad que se ama no se deja fotografiar: se reconoce al volver.

    Somos seres finitos: caminamos entre el inicio y el fin sin salir del espacio-tiempo que nos tocó. El país, el momento histórico, lo vivido, lo hablado con otras personas: todo eso hace que el ciclo biológico sea solo una parte pequeña de la crónica.

    Y porque tenemos palabra, es la narración del yo y de sus circunstancias la que viste de sentido cada vida. Como en cualquier relato, releemos páginas y reinterpretamos los días.

    ¿Qué ha cambiado en la ciudad? ¿Los bares donde reíamos? ¿Qué, del olor de las droguerías? ¿Y del tiempo extraviado en aquel transporte lento? ¿Dónde la sombra de los castaños? ¿Es distinta la música del atardecer en las calles? ¿Qué hace un banco en la tienda de ultramarinos?

    Publicado en la columna «Leer, para vivir mejor», Gaceta de Castilla y León, 16 de marzo de 2016. La dirección original del artículo dejó de funcionar tras un cambio de la web del periódico.


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  • Huídas

    Huídas

    Embarcadero palafítico de madera en avanzado estado de deterioro, adentrándose en aguas bajas de marea. Puerto de Carrasqueira, Portugal. Cielo con nubes bajas y luz gris plateada.

    Toda fotografía es un pillaje al tiempo. Una moneda ofrecida a la memoria que recibe el fruto. El ojo elige.

    Cada imagen es una secuencia rota, un pequeño vestigio inalterable y libre, que sostiene el pasado como camino hacia el futuro.

    El viejo muelle abandona la creación que le fue dada. Se diluye en el agua cerrando el ciclo de una forma de vida y de unos pescadores sin relevo. Prepara tiempos obligados, inciertos puntos de vista desde estados desconocidos.

    En general, así  también le ocurre a la vida humana: una sucesión de entregas y disoluciones.

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