La ciudad que amaba…

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La ciudad que amaba nuestro amigo sigue siendo la misma. Ha habido algún cambio, pero se trata de cambios menores: han puesto trolebuses, han hecho algún paso subterráneo. No hay cines nuevos. Siguen estando los antiguos, con los nombres de entonces: nombres que al repetirlos vuelven a despertar en nosotros la juventud y la infancia. Nosotros ahora vivimos en otra parte, en otra ciudad muy distinta, y más grande. […] Pero cuando regresamos, nos basta con cruzar el vestíbulo de la estación y caminar por la niebla de las avenidas para sentirnos como en nuestra casa.” (Retrato de un amigo. Natalia Ginzburg)

El ser finito que somos, camina sobre la tensa cuerda que une el inicio y el fin de su existencia, sin posibilidad de escapar del espacio-tiempo que le tocó en suerte: El país, el momento histórico, la experiencia, la comunicación con los otros… hacen que el ciclo biológico sea, solo, una pequeña parte de la crónica.

Dotados de palabra, como estamos, es la narración del yo y todas las circunstancias, quien viste de sentido cada vida. Y como en cualquier narración, releemos páginas y reinterpretamos los días.

Continúa leyendo en Retrato de un amigo , publicado en Gaceta de Castilla y León.

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