Autor: mjesusprietovillarino

  • La mitad de un vaso en la puerta de una biblioteca

    La mitad de un vaso en la puerta de una biblioteca

    Fotografía enmarcada en madera: vaso de cristal con figuritas de muñeca en bañador, dos pequeños tomates rojos y fondo de seda verde arrugada. A la derecha, foto en blanco y negro de la Torre Eiffel con un árbol.

    Historia de un vaso I, en la Díaz-Caneja y en La Yutera (UVa, Palencia)

    El 9 de noviembre de 2023 se presentaron en el Campus de La Yutera las nuevas obras donadas a Un campus con arte, el proyecto que coordina el profesor Enrique Delgado Huertos. Entre ellas estaba Historia de un vaso I, un lienzo de 80 × 120 cm que en 2018 colgó en el Museo de Arte Contemporáneo Díaz-Caneja junto a su pareja, Historia de un vaso II. Hoy está en la entrada de la biblioteca.

    Vuelvo a estas imágenes casi tres años después. Me doy cuenta de que lo que me importa no es el acto, aunque fue tierno y grato, sino lo que le ocurre a una obra cuando deja de ser mía y pasa a formar parte de un lugar de paso.

    Un vaso de cristal. Dentro, figuritas de plástico: cuerpos de muñeca en bañador, apretados, sin aire posible. Fuera, dos pequeños tomates rojos sobre una mesa blanca. Detrás, una seda verde arrugada que hace de naturaleza sin serlo. El bodegón clásico ordenaba la abundancia para recordarnos que todo se pudre. Aquí lo que se conserva no se pudre nunca, porque es plástico. Y porque es un modelo de cuerpo: el que se impone a las mujeres y del que no se sale. Lo hice con humor. El ahogo, en cambio, va en serio.

    A su lado, las piezas de Nino Barriuso, primer donante de la colección. Barriuso quiso apartar al artista de la obra: matemática, objetividad, un cuadrado partido por una oblicua y todas sus combinaciones. Mi vaso no puede ser neutral, porque tiene cuerpos dentro. Ninguna de las dos obras es monumental; las dos piden acercarse. Una se mira para entender una regla. La otra, para sentir lo que la regla aprieta.

    Hay algo que no se ve en esa pared: la historia está a medias. Historia de un vaso tiene dos escenas. La primera es el límite. La segunda es una mirada serena sobre lo finito, cercana a la razón compadecida que María Zambrano encontró en Séneca. A la universidad fue la primera. La calma siguió otro camino.

    Agradezco que aquí las obras no esperen en una sala a que alguien decida ir a verlas. Están en un lugar de tránsito, a la vista de quien estudia, trabaja o solo va de clase en clase. Y muchas de esas personas se preparan para enseñar: esta es la Facultad de Educación. Pienso en una futura maestra, en un futuro maestro, deteniéndose un momento ante el vaso. Esas figuritas son juguetes antes que esculturas. Quizá la obra le pregunte cuántas normas sobre el cuerpo se aprenden en un aula sin figurar en ninguna programación.

    Este proyecto existe porque alguien se empeñó en él. Enrique Delgado me propuso la donación, que formalizamos con un contrato; detrás hay un esfuerzo largo, en tiempo y trabajo, para llevar el arte a los pasillos y a las aulas. Donar fue mi manera de sumarme. Ojalá las próximas fases traigan más nombres, y que la mitad sean de mujeres: en un campus donde tantas se forman para enseñar, también importa a quién se ve en las paredes.

    Un vaso sirve para beber y sirve para guardar. En la puerta de una biblioteca quizá sirva también para preguntar qué cabe dentro de lo que llamamos conocimiento. Y qué se queda fuera, rojo, sobre la mesa.

    Ver también: Bodegón. Fundación Díaz Caneja · Serie III · Bodegón Expandido · Volver al inicio

  • Maraña

    Maraña

    Masa densa de ramas y zarcillos secos entrelazados, sin hojas, en paisaje de invierno. El conjunto ocupa todo el encuadre formando una maraña cerrada.

    Muchas veces pienso en la vida y sus reveses. En cómo a lo largo de los años trabajé, planifiqué, ordené y proyecté para el día a día y para un futuro incierto, cuando una ráfaga inesperada del viento, un pico de calor no previsto, una riada o incluso la caída funesta de un rayo, desmantela pasado, presente y los sueños de la lechera.

    Y queda la vida, con sus años, saberes y experiencia, como un lienzo de Pollock, o como los arbustos en la sirga del canal: enmarañados, sin orden ni concierto, enredados al tuntún como la supervivencia les dio a entender o el albur los dejó colocados.

    Y así estoy, así estamos, enredadas en la belleza de la segunda ley de la termodinámica.


  • Inviernos habitados: carámbanos y nieve.

    Inviernos habitados: carámbanos y nieve.

    Calle empedrada de pueblo de montaña en invierno, con fachadas de piedra y carámbanos colgando de los aleros cubiertos de nieve. Lores, Palencia.
    Lores. Palencia.

    Me gusta visitar ese invierno que congela el agua y ordena, con un ritmo casi secreto, los carámbanos que cuelgan de los aleros. Me gusta el blanco de la nieve sobre los mampuestos y la luz rebotada que inunda el espacio hasta volverlo más nítido, más brillante. Puedo decirlo porque no lo habito, no lo padezco.

    Quienes viven dentro de ese blanco saben lo que pesa. La nieve pisada resbala. Hay que espalar para llegar al leñero donde se guarda la encina que alimentará la chimenea. Las furgonetas de suministros dependen de la quitanieves. La casa deja de ser solo hogar y se convierte en refugio obligado.

    Quienes visitamos el frío vemos una sola cara: el resplandor limpio de la mañana, el goteo suave del deshielo, la luz que agranda el canto de los pájaros. Por eso puedo decir que me gusta: es una suerte entrar en la belleza de un territorio sabiendo que otros sostienen, con trabajo y prudencia, la vida dentro de ese blanco. La fotografía es del mismo orden: entrar, mirar y salir. Lo que permanece lo sostienen quienes se quedan.

    Seguir mirando: belleza, intemperie y territorio vivido.

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  • Recolonización solar

    Recolonización solar

    Vista panorámica de gran parque fotovoltaico con hileras de paneles solares extendidas sobre paisaje agrícola castellano. Cielo nublado y meseta al fondo.

    Trigales que ya no están, o están a trozos. Estaciones que no cambian de color. Campos abiertos, ahora cercados y panelados: esta vez sí se le han puesto puertas al campo.
    Quedan preguntas. ¿Quién decidió clausurar estos campos?,¿quién cobra el arriendo y quién pierde la tierra que trabajaba?,¿qué le queda al municipio, además de la valla?

    La transición energética, cuando ignora la vida que pisa, repite la vieja lógica extractiva. Aquí no recoloniza la hierba: recoloniza el contrato.
    ¿Qué recolonizará este suelo cuando caduquen los paneles?

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  • Siempre es la mirada

    Siempre es la mirada

    Fotolibro desplegado en acordeón sobre una estantería. Las páginas muestran cianotipias en azul y amarillo. En la portada vertical, a la izquierda, se lee el título Siempre es la mirada.
    Página interior del fotolibro con fondo azul oscuro. Cianotipia con figura de aspecto orgánico. Texto inferior: A las flores les gustan los monstruos.

    Idear proyectos con personas sumamente sensibles e infinito conocimiento, es una fortuna. Este pequeño libro de artista nació una cálida tarde de verano en el patio de casa: un ensayo, un aprendizaje y un juego al alimón con mi sobrino, el poeta Jorge Justo. Empezó como diálogo material entre el papel artesanal, la cianotipia y los materiales orgánicos como la cúrcuma o las flores y los versos que Jorge hizo nacer junto a la imagen. Versos que amplían este mundo y lo hacen más vivible.

    Se hizo libro gracias al trabajo delicado de Gráficas EMEDECE, que añadió la belleza de una impresión cuidada y las cubiertas trabajadas en madera: cien ejemplares numerados.

    El poema que vertebra la edición, Siempre es la mirada, sostiene la pregunta de fondo: cómo miramos y qué producimos al mirar.

    El resultado es una pieza mínima, bella, precisa, que nos recuerda que «quien convierte al otro en monstruo / siempre es la mirada».

    Ficha / créditos

    • Serie: Imagen & texto
    • Texto: Jorge Justo. Siempre es la mirada
    • Imágenes: MJ Prieto (cianotipia + materiales naturales como cúrcuma y limón)
    • Edición: 100 ejemplares numerados
    • Impresión: Gráficas EMEDECE. Don Sancho, Pl. Mayor, 5, 4º, 34001 Palencia
    • Cita reproducida con permiso del autor.

    Ver también

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