
Muchas veces pienso en la vida y sus reveses. En cómo a lo largo de los años trabajé, planifiqué, ordené y proyecté para el día a día y para un futuro incierto, cuando una ráfaga inesperada del viento, un pico de calor no previsto, una riada o incluso la caída funesta de un rayo, desmantela pasado, presente y los sueños de la lechera.
Y queda la vida, con sus años, saberes y experiencia, como un lienzo de Pollock, o como los arbustos en la sirga del canal: enmarañados, sin orden ni concierto, enredados al tuntún como la supervivencia les dio a entender o el albur los dejó colocados.
Y así estoy, así estamos, enredadas en la belleza de la segunda ley de la termodinámica.
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