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  • Bodegón. Fundación Díaz Caneja

    Bodegón. Fundación Díaz Caneja

    No es fácil sorprender o emocionar en un tema tan estudiado y practicado a lo largo de siglos. El bodegón fue, durante siglos, un ejercicio de virtuosismo. Aquí, es un gesto narrativo: un vaso sostiene una historia en dos escenas. En la primera, la tensión del límite; en la segunda, la calma lúcida. En estas dos fotografías tituladas «historia de un vaso», intenté hilar un pequeño relato en el que se cupiera la vida entera, la fugacidad de los días, la vejez, el legado. Desde el desenfado y el humor.

    Pero no solo busqué una descripción en entre dos hitos, sino que cada fotografía hablase por sí misma:

    1. La primera muestra imposición de los cuerpos normados en las mujeres, la imposibilidad de escapar de los límites impuestos, la falta de libertad, el ahogo.
    2. La segunda intenta ser una mirada honrada sobre la realidad finita, para que actúe como sortilegio de curación que prepara la vida aceptando la muerte, al estilo de la razón compadecida que Zambrano expone de Séneca. Visualizar para aceptar, aceptar para transformarse.

    Ficha final

    Serie: Bodegón Expandido
    Obra(s) destacada(s): Historia de un vaso I–II (2018)
    Técnica/Proceso: Fotografía digital; impresión pigmentaria sobre lienzo 100% algodón, Canvas premium Artist textured 380, Impresión Giclée 12 tintas.

    Dimensiones: Lienzo con bastidor 80×120 cm · Edición/Tiraje: 1/3
    Archivo/DPI: TIFF 16-bit, 300 dpi
    Ubicación: Colección artista · Presentada en Museo de Arte Contemporáneo Díaz-Caneja (Palencia)

    El lienzo Hª de un vaso 1, fue donado a la Universidad de Valladolid, para formar parte del proyecto abierto del Vicerrectorado del Campus de Palencia, «Un campus con arte»,

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  • La ciudad que amaba…

    La ciudad que amaba…

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    La ciudad que amaba nuestro amigo sigue siendo la misma. Ha habido algún cambio, pero se trata de cambios menores: han puesto trolebuses, han hecho algún paso subterráneo. No hay cines nuevos. Siguen estando los antiguos, con los nombres de entonces: nombres que al repetirlos vuelven a despertar en nosotros la juventud y la infancia. Nosotros ahora vivimos en otra parte, en otra ciudad muy distinta, y más grande. […] Pero cuando regresamos, nos basta con cruzar el vestíbulo de la estación y caminar por la niebla de las avenidas para sentirnos como en nuestra casa.” (Retrato de un amigo. Natalia Ginzburg)

    El ser finito que somos, camina sobre la tensa cuerda que une el inicio y el fin de su existencia, sin posibilidad de escapar del espacio-tiempo que le tocó en suerte: El país, el momento histórico, la experiencia, la comunicación con los otros… hacen que el ciclo biológico sea, solo, una pequeña parte de la crónica.

    Dotados de palabra, como estamos, es la narración del yo y todas las circunstancias, quien viste de sentido cada vida. Y como en cualquier narración, releemos páginas y reinterpretamos los días.

    Continúa leyendo en Retrato de un amigo , publicado en Gaceta de Castilla y León.

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