Naturaleza Imposible

La encina se inclina como si tomase aire. El horizonte es alto y la luz, blanca azulada. El paisaje es un telón de fondo con voz: narra. La intervención, ese polvillo de anillos lechosos y brumas bajas, hace visible lo que sostiene la escena y casi nunca miramos: esporas, humedad, alientos del sotobosque, sudor. La imagen responde al lugar con un gesto de cuidado: des-centrar lo humano y reconocer agencia al árbol y a la atmósfera que lo envuelve y nos abraza. Podemos escuchar otras lenguas.
“Imposible” no es fantasía, es el método. Una capa fotográfica más una capa dibujada abren una lectura donde naturaleza y técnica se co-componen. No hay estruendo; hay lentitud: corteza plateada, giros del tronco, rumor efervescente del suelo y la hierba. Este contramapa niega el decorado y pregunta por lo que vuelve (pequeños brotes, insectos ínfimos, vapor de humus) y por lo que falta (cuidados, manos, tiempo) ¿Qué podemos devolver nosotras? Un uso que no arrase, una retirada de pequeñas basuras, una conversación abierta con quien habita el lugar, una petición de servicios al ayuntamiento pertinente.
Si el aire tuviera escritura, quizá se parecería a estas marcas suspendidas. Leerlas es aprender a respirar con el territorio.
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Entiendo la resiliencia como la sabiduría adquirida con el paso de los años. La aceptación de lo que no puede cambiarse, porque no depende de nuestras posibilidades, el asentamiento de la templanza, el crecimiento de la serenidad, la habilidad de recomponerse dignamente de las circunstancias adversas.












