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  • Naturaleza imposible

    Naturaleza imposible

    Espacio Abierto. Sala de arte contemporáneo. Valladolid.

    Concha Gay . Mª Jesús Prieto

    Magia, emoción y fantasía, escribió Gloria Reguero, y no le falta razón: la muestra convoca belleza, espiritualidad y pensamiento para activar el cuidado del entorno que nos sostiene. Las esculturas de Concha Gay , minuciosas, atentas, sorprendentes, parecen devolver la mirada; sus seres improbables rozan, en palabras de Luis Alonso, la greguería y abren un juego poético con el público. Las fotografías intervenidas de Mª Jesús Prieto erigen arboledas como vidrieras: mística laica, savia y luz en diálogo con los paisajes de Castilla y León.

    Como sugiere el escritor, aquí se roba con la mirada: secretos de pan de oro, piedras y luces. Ese “latir” compartido entre materia y espíritu tiende un puente entre contemplación y ética: la empatía como práctica, el cuidado como criterio.

    La exposición, estrenada en Espacio Abierto, (Sala de arte contemporáneo en Valladolid), en noviembre de 2024,  (https://espacioabiertoaccva.blogspot.com/), viajó después a la sala de Arte de Al Socayo(Aguilar de Campoo, Palencia), de marzo a mayo 2025, para seguir respirando territorio.

    (Foto de cabecera: Carlos Espeso. Norte de Castilla. 2 diciembre 2024)

    Escribe Luis Alonso en la introducción del catálogo:(confesionesdeunmiron.wordpress.com):

         A última hora de la tarde entraré sin ser advertido para ocultarme donde nadie pueda sospechar. Cuando todos hayan abandonado la sala, se apaguen las luces y se haga el silencio… saldré linterna en mano a robar con la mirada avariciosa de largos dedos, afiladas uñas. Ella –la mirada ladrona– tiene ya muy adquirida esa destreza para detectar piedras preciosas, joyas, pan de oro, luces, misterios. Pues bien, veo que aquí hay de todo eso para dar y tomar. Y si hubiera algún problema con la vídeo-vigilancia, siempre podría yo ocultarme tras esos árboles, en esas arboledas como templos con vitrales que nos presenta María Jesús Prieto. Qué otra cosa sino templos y vidrieras, sagrados silencios que mueve el aire entre las hojas y las ramas desde el presbiterio hasta el coro donde acaso suene música de Bach, madrigales de Monteverdi.

    Hay en estas fotos –¿fotos? ¿lienzos? ¿salmos?– una comunicación constante, un viaje de ida y vuelta entre la luz del día y los colores, entre el azul y las campanas, la savia que sube y nutre desde la raíz hasta la bóveda. Admitámoslo: es la naturaleza atendida por la mística, por una cierta mística –laica, sí, pero igual de loca–. Panteísmo es la palabra, ahora lo entiendo.

    Tiene uno la impresión de que Walt Whitman –“Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman, /he dejado de ver tu barba llena de mariposas, /ni tus hombros de pana gastados por la luna”– hubiese pasado por aquí, por estas comarcas del Cerrato, de Campos, del Alto Campoo… y le hubiera susurrado a MJP algunas palabras terrenales hechas de agua, de espuma, de espigas, de centellas. Qué sabe nadie. Qué sabemos de lo que ocurre en los sueños de una artista. Pudo ser Whitman o pudo ser Thoreau, pero también Lorca o Morente quienes le tarareasen al oído algo muy sutil, un secreto que solo ella conoce. Pues bien, eso es lo que la mirada furtiva desea adquirir aquí: secretos.

    ————–

    Y yo, que presumo de tener mirada de buen ladrón, mira tú por dónde, estaba siendo observado por alguien, por algo, desde el primer momento. Es cierto que somos lo que miramos, pero también lo es que hay cosas con ojos invisibles que nos miran. Concha Gay crea obras que le miran a uno. ¿Cuánto tiempo llevaban mirándome esas naturalezas imposibles sin yo advertirlo? Hay en ellas algo como de ‘donde menos te lo esperas salta la liebre’. O te asalta.  

    Podría haber en estas obras un cierto componente de ‘greguería’ artística. Ramón Gómez de la Serna definió la greguería como “humorismo + metáfora”. ¿Y no hay algo de eso en estas composiciones con juego y con hallazgo dentro? Sospecho que Concha Gay se mueve a gusto en el campo de lo poético. Visto así, quizá habría que darle una vuelta a ese título, y en lugar de naturalezas imposibles pasarlo a naturalezas poéticas.

    Y ahora que las miradas de estas esculturas minuciosas me han recorrido de arriba abajo, percibo en la piel, en las yemas de los dedos, el esmero con que han sido creadas. Y eso tiene alguna relación con el cuidado, con la empatía, y en el fondo con la ética. O al menos, así lo veo yo.

    Dicho esto, creo que lo más prudente será salir como entré, sin ser advertido por las cámaras de vídeo-vigilancia, los detectores de intrusos, las alarmas. Ya en la calle, supongo que murmuraré aquellas palabras de Pessoa: “todo arte es la demostración de que la vida no basta.

    Sala de arte de Al Socayo, en Aguilar de Campoo, Palencia.

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  • Somos tipos de letra

    Somos tipos de letra

    “LA MAGIA DE LAS PALABRAS”. Luis Landero.

    «Una vez, en la Universidad de Virginia, en Charlottesville, me hicieron el honor de dejarme a solas con los tres manuscritos que elegí, entre otros muchos que me ofrecieron. El primero era […] “Luz de agosto”, mi novela preferida de Faulkner. […]. El segundo era un cuento de Borges, “El muerto”, escrito en un cuaderno escolar con letra también escolar, de tan clara y aplicada que era. Leí varias veces la frase: “…la travesía es tormentosa y crujiente”. En mi primera lectura, el segundo adjetivo me produjo un estremecimiento estético que aún recuerdo como si me acabase de ocurrir.»

    Imagino pocas palabras tan sorprendentes como el término “crujiente” en este texto de Borges. Comparto el estremecimiento reiterado de Luis Landero. Ninguna travesía, real o imaginada, vuelve ser igual después de vislumbrar una posibilidad crocante.

    No solemos reparar en el milagro que obran los adjetivos. Parecen un actor o actriz secundaria en la obra lingüística, pero es puro teatro. Poseen el poder y el vigor de iluminar, esculpir, pormenorizar e incluso modificar totalmente la información del sustantivo. “Monstruo jurídico”; “inglés abstracto”; “tregua definitiva”.

    Sin ninguna duda, el relato de nuestra memoria y las posibilidades de pensamiento y acción diarios se agigantarían si incorporásemos en nuestro lenguaje habitual unas cuantas gotas mágicas en forma adjetivada. Al despertar no es igual esperar o planear “una rutinaria mañana”, que una “jugosa mañana”. Y mucho menos proyectarla ágil, extrovertida, intrépida… o fogosa.

    Los adjetivos son aliados en el diseño de un buen vivir. Por eso nos interesan. Solo es necesario frecuentarlos con generosidad y positivamente.

    Este texto se publicó en el periódico mensual Gaceta de Castilla y León (pag. web. https://gacetadecastillayleon.com/”), dirigido por Esther Duque, en el año 2020 y por algún motivo, la fotografía lo resucito…

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  • Otras lenguas

    Otras lenguas

    Naturaleza Imposible

    La encina se inclina como si tomase aire. El horizonte es alto y la luz, blanca azulada. El paisaje es un telón de fondo con voz: narra. La intervención, ese polvillo de anillos lechosos y brumas bajas, hace visible lo que sostiene la escena y casi nunca miramos: esporas, humedad, alientos del sotobosque, sudor. La imagen responde al lugar con un gesto de cuidado: des-centrar lo humano y reconocer agencia al árbol y a la atmósfera que lo envuelve y nos abraza. Podemos escuchar otras lenguas.

    “Imposible” no es fantasía, es el método. Una capa fotográfica más una capa dibujada abren una lectura donde naturaleza y técnica se co-componen. No hay estruendo; hay lentitud: corteza plateada, giros del tronco, rumor efervescente del suelo y la hierba. Este contramapa niega el decorado y pregunta por lo que vuelve (pequeños brotes, insectos ínfimos, vapor de humus) y por lo que falta (cuidados, manos, tiempo) ¿Qué podemos devolver nosotras? Un uso que no arrase, una retirada de pequeñas basuras, una conversación abierta con quien habita el lugar, una petición de servicios al ayuntamiento pertinente.

    Si el aire tuviera escritura, quizá se parecería a estas marcas suspendidas. Leerlas es aprender a respirar con el territorio.

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  • Naturaleza viva. Bodegón

    Naturaleza viva. Bodegón

    Exposición colectiva «De mujeres, botánica y naturaleza viva«

    Espacio de arte de Al Socayo. Calle Puente, 49. Aguilar de Campoo. Comisariada por Adrián SSegura.

    Verduras con glamour… es un proyecto fotográfico dedicado al “cuidado de sí”. Un cuidado ético e imprescindible, que pretende contagiar de alegría, seguridad, humor y pasión a quienes se acerquen a dialogar con la imagen, ahuyentando las brumas que nos ha acompañado este año largo de pandemia. Todos somos seres nimios, perecederos, como las verduras. ¿Quién podría impedir a los vegetales la subversión de los valores tradicionales asociados al glamour: moda, lujo y valor duradero? Tampoco a nosotras. Algunos momentos son solo para disfrutar.

    Cada bodegón está compuesto de frutas combinadas con piezas únicas, realizadas ad hoc, en resina epoxi y poliuretano teñidas y modeladas a mano sobre superficies plásticas o silicona.

    IMPRESIÓN SOBRE LIENZO. Giclée print: Canvas Premium Artist textured 380 gr.

    Impresión Giclée en IndieColors (https://www.indiecolors.com/es/)

    Ficha final

    Serie: Bodegón Expandido

    Obras destacadas:
    Año 2021: Divine (autodeterminación), Pasión y Re-mango, Stylish lemon (singularidad), La fiesta de las sanguinas (alegría y amistad), Mi bosque (aspiración), Marlene (distinción).

    Técnica/Proceso: Fotografía digital con composición de piezas en resina epoxi y poliuretano teñidas y modeladas a mano

    Impresión Giclée sobre lienzo Canvas Premium Artist textured 380 g.

    Dimensiones: diversas.

    Soporte / Impresión / Enmarcado: Lienzo 380 g; impresión Giclée (IndieColors); enmarcado bastidor de madera en varias dimensiones.

    Archivo/DPI: TIFF 16-bit, 300 dpi

    Otras obras de la serie:

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  • El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y laurel

    El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y laurel

    Limón y laurel. Respiración y memoria. La lengua saborea el color y lo vuelve materia: ¿Quién asegura que los colores reales no son los soñados, o aquellos que deseamos encapsulados sobre la laringe que alimenta los pulmones?

    Los versos robados a Francisco Layna de su poema «Para después de los Ángeles que huyeron» (Tierra impar, ed. Aerea), son la puerta a otro conocimiento posible. Tomo sus versos como umbral: el amarillo celebra mientras el azul nutre.

    «…/El color contrario del blanco es el rojo, decía Pastoreau,/ historiador de los animales. Antes había dos colores/negros. También la sal dejó de existir. /El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y/laurel.»

    La imagen responde a esta gramática simbólica (histórica, sensorial, política) y la devuelve al presente en el campo de saberes sensitivos y lingüísticos. Leer así el color es otra manera de escucha activa: del cuerpo, del territorio y de sus latidos. Lo mínimo, un cítrico o una hoja, se vuelve atlas.