Etiqueta: materia

  • El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y laurel

    El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y laurel

    Arboleda con troncos retorcidos, fotografía intervenida con dominante azul-turquesa que tiñe follaje y tierra.

    Limón y laurel. Respiración y memoria. La lengua saborea el color y lo vuelve materia: ¿Quién asegura que los colores reales no son los soñados, o aquellos que deseamos encapsulados sobre la laringe que alimenta los pulmones?

    Los versos robados a Francisco Layna de su poema “Para después de los Ángeles que huyeron” (Tierra impar, AErea / Carménère), son la puerta a otro conocimiento posible. Tomo sus versos como umbral: el amarillo celebra mientras el azul nutre.

    “…/El color contrario del blanco es el rojo, decía Pastoreau,/ historiador de los animales. Antes había dos colores/negros. También la sal dejó de existir. /El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y/laurel.”

    La imagen responde a esta gramática simbólica (histórica, sensorial, política) y la devuelve al presente en el campo de saberes sensitivos y lingüísticos. Leer así el color es otra manera de escucha activa: del cuerpo, del territorio y de sus latidos. Lo mínimo, un cítrico o una hoja, se vuelve atlas.

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  • Donde suena el silencio. Gorafe

    Donde suena el silencio. Gorafe

    «Como por estos sitios tan sano aire no hay, pero no vengo/ a curarme de nada./ Vengo a saber qué hazaña/ vibra en la luz, qué rebelión oscura/ nos arrasa hoy la vida.» Claudio Rodriguez. 
    Primeros versos del poema «Ciudad de meseta»

    El poema es de meseta; estos paisajes, del sureste árido. Pero la pregunta es la misma.

    Proyecto fotográfico completo en Behance: Donde suena el silencio

    Paisaje de badlands en Gorafe, Granada: formaciones arcillosas erosionadas con surcos profundos en tonos ocres y grises bajo luz intensa.
    Detalle de las formaciones de badlands de Gorafe, Granada: estratos arcillosos y cárcavas excavadas por la erosión en colores cálidos.
    Panorámica de los badlands de Gorafe, Granada: colinas de arcilla erosionada con surcos verticales y horizontes amplios de cielo abierto.
    Vista de los badlands de Gorafe, Granada: barrancos y cárcavas en terreno árido con vegetación escasa y cielo de gran amplitud.

    Badlands como partitura: estratos, surcos, sombras que marcan un compás de eras geológicas. La vista se expande y obliga a respirar más hondo; la escala humana se encoge sin desaparecer. Aquí el «silencio» nos recuerda que no somos centro: apenas un tránsito. Las fotografías retienen ese acuerdo frágil entre vastedad y cuidado, cuando el ojo aprende a mirar sin apresurarse y el cuerpo se vuelve barómetro de luz y aire. O paz.


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  • Verde Doncella

    Verde Doncella

    Bodegón en blanco y negro: jarrón con ramas de eucalipto y una manzana pequeña sobre fondo claro.«No es que fuéramos felices por entonces,
    pero había ese instante de música en los ojos,
    esa pura belleza de lo efímero
    que sólo ha de durar lo que un silencio,
    lo que dura entre dos una canción…
    «

    La música del Tiempo. Luis Alonso

    Bodegón en blanco y negro donde el “verde” se vuelve amor y memoria. Jarrón, eucalipto y una manzana verde doncella. Una especie a punto de perderse. La ausencia de color destaca luz, pieles, brillos y densidades; convierte la variedad en relato táctil más que cromático.

    La escena contrapone ritmos: el eucalipto, veloz, expansivo y envolvente; la manzana local, lenta y frágil en su pervivencia. No es un choque moral, sino una alerta: ¿Qué cultivos sostenemos y cuáles dejamos caer? Conservar una variedad no es épica, es cuidar, podar, compartir esquejes, nombrar. La verde doncella es pequeña y de forma irregular, (nada bueno para los supermercados), pero jugosa y dulce como pocas.

    La pequeña manzana nos habla de persistencia: una forma de vida que reclama vínculo con el territorio. El bodegón propone una ética simple: mirar despacio, nombrar lo que se apaga y devolverlo a la mesa común.

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  • Soledad iluminada

    Soledad iluminada

    Banco de madera pintado de azul desgastado frente a una puerta azul cobalto encastrada en pared blanca encalada con desconchones. Suelo de cemento.

    Es cruel la soledad iluminada. Masca amargura. La claridad excluye todo matiz medicinal. Y no hay sordidez a salvo de cada auto-inspección.

    Pero de esa revisión sin piedad, nace la obra: el gesto que transforma la herida en forma, la introspección en materia visible.

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  • Entretiempo

    Entretiempo

    Una barca descansa lejos de la orilla. El mar apenas respira; las olas llegan casi en silencio. Cielo y agua se confunden en un gris perlado que disuelve las fronteras.

    Sé que mañana vuelve al agua. Y me pregunto por qué necesito saberlo para mirarla sin inquietud; por qué una barca quieta solo me parece en paz si alguien me asegura que sigue sirviendo.

    Entretiempo no es la espera del próximo viaje, sino el intervalo que no rinde cuentas. Sus cicatrices no son un aval. Tampoco la firma de su destino. No trabaja y tampoco está desahuciada: ninguna de las dos cosas la explica.

    Le escribí a Luis Alonso que me entretengo con demasiadas cosas. Me contestó desde su blog que él se distrae «con casi cualquier cosa». Llamar a eso perder el tiempo ya es una forma de contabilidad.

    Por el momento, la madera aguanta el peso de no ir a ninguna parte.