El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y laurel

Limón y laurel. Respiración y memoria. La lengua saborea el color y lo vuelve materia: ¿Quién asegura que los colores reales no son los soñados, o aquellos que deseamos encapsulados sobre la laringe que alimenta los pulmones?

Los versos robados a Francisco Layna de su poema «Para después de los Ángeles que huyeron» (Tierra impar, ed. Aerea), son la puerta a otro conocimiento posible. Tomo sus versos como umbral: el amarillo celebra mientras el azul nutre.

«…/El color contrario del blanco es el rojo, decía Pastoreau,/ historiador de los animales. Antes había dos colores/negros. También la sal dejó de existir. /El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y/laurel.»

La imagen responde a esta gramática simbólica (histórica, sensorial, política) y la devuelve al presente en el campo de saberes sensitivos y lingüísticos. Leer así el color es otra manera de escucha activa: del cuerpo, del territorio y de sus latidos. Lo mínimo, un cítrico o una hoja, se vuelve atlas.

Comentarios

Una respuesta a «El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y laurel»

  1. Avatar de AJUAR PERSONAL Cianotipias – Cámaras desnormadas

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