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  • Geografías recolonizadas. Valsurbio

    Geografías recolonizadas. Valsurbio

    Hiedra en el dintel, musgo en las piedras cinceladas, cantos de pájaros en la nave a cielo abierto: Valsurbio, Montaña Palentina, a pocos kilómetros de Camporredondo de Alba. Deshabitado desde noviembre de 1970, hoy el pueblo muestra cómo la naturaleza recoloniza lo humano y nos obliga a pensar en la huella que dejamos. Serie documentada en 2024.

    Ruina de la iglesia de Valsurbio: espadaña de piedra con dos arcos y un óculo sobre muros derruidos, invadida por zarzas, con árboles desnudos y cielo azul al fondo.
    Valsurbio, la iglesia.

    La muestra ocupaba las cuatro paredes de la sala. En una, las catorce cianotipias fotográficas de Valsurbio. Enfrente, las catorce intervenidas: la misma serie, pero cubierta poco a poco con cúrcuma, jabón, limón y plantas recogidas allí mismo, hasta que la última ya no tiene imagen, solo materia. Quien entraba quedaba en medio y podía pasar de una pared a otra girando la cabeza. En la pared corta, las seis cianotipias botánicas grandes, cada una con el nombre de su planta: helechos, pino, escobas, hayas… Y en la cuarta, una edición de Ajuar personal hecha para la Fundación, expuesta junto a todos los objetos que sirvieron para imprimirla.

    Fundación Díaz-Caneja · Centro de paisaje, medioambiente y ruralidad. Sala 1, del 30 de mayo al 30 de junio de 2024. Exposición perteneciente al festival Pallantia Photo.

    La última familia cerró su casa en noviembre de 1970. A los pocos días la puerta estaba abierta. No fueron extraños: fueron vecinos de los pueblos de alrededor, que subieron a llevarse camas, muebles y tejas de casas ajenas. Quitar las tejas es abrir el tejado a la entrada del agua. Antes que la hiedra llegó la mano, y la hiedra entró por donde la mano había abierto.

    Casa en ruinas de Valsurbio entre árboles desnudos: muros de mampostería sin tejado, con jambas de ladrillo rojo enmarcando los huecos y piedras caídas al pie.
    Una de las pocas casas con ladrillo. Todo lo demás es piedra del sitio.

    En Castilla y León la despoblación, acelerada desde los años 60 y 70, dejó casas y corrales vacíos que la vegetación convirtió en refugios. La «recolonización» por especies locales es la sucesión ecológica natural: hiedra y zarzamora en los muros, robles jóvenes en patios, musgos y líquenes sellando juntas; corzos, rapaces y pequeños mamíferos rehacen rutas y abrigos. La ruina se convierte, a la vez, en hábitat y archivo. El ecofeminismo de Alicia Puleo (Ecofeminismo para otro mundo posible, Herder, 2011) pide para este paisaje una mirada que no separe cultura y naturaleza. Yayo Herrero lo nombra con dos palabras que aquí se ven a simple vista, ecodependencia e interdependencia: la vida humana se sostiene en entramados de cuidado que van más allá de lo humano (La vida en el centro. Voces y relatos ecofeministas, con Marta Pascual y María González Reyes, Libros en Acción, 2018). Y María Sánchez recuerda en Tierra de mujeres (Seix Barral, 2019) que el campo se cuenta casi siempre desde fuera, por quien lo visita y no por quien lo carga y sostiene.

    Mirar así exige el esfuerzo de mirar con ojos ajenos, los de quienes estuvieron antes, y entender cómo construyeron: con materiales que la tierra puede deshacer y con bienes de uso común. En Valsurbio no había agua en las casas; había un manantial para todos. El derecho de acceso iba unido al deber de cuidarlo, y de ahí se aprende algo sobre cómo orientar hoy los usos del suelo hacia vidas vivibles, presentes y futuras. Estas imágenes acompañan ese tránsito y abren preguntas: qué dejamos, cómo volver a habitar sin herir.

    La palabra recolonizar no es inocente: nombra primero lo que unos pueblos hicieron con otros. La uso a propósito, porque aquí también hay un desalojo antes que un retorno.

    Dónde está: Valsurbio en OpenStreetMap (42.8664, −4.7331), Montaña Palentina, al norte de Palencia.

    Valsurbio: despoblado en noviembre de 1970; anexionado a Velilla del Río Carrión en 1974; altitud aproximada, 1.475 m. Ficha en Wikipedia.

    La artista Mª Jesús Prieto Villarino de pie ante la pared de la sala, con cianotipias azules expuestas al fondo y texto de presentación a la izquierda.

    La exposición en la web de la Fundación: Mª Jesús Prieto. Cianotipias.

    Hoja de sala de la exposición, reproducida tal como se publicó en 2024. Algunos datos difieren de los de arriba.

    Hoja de sala (Fundación Díaz-Caneja, 2024)

    M.ª JESÚS PRIETO: Cianotipias
    Sala 1: Del 30 de mayo al 30 de junio de 2024

    Esta exposición reúne tres series realizadas por la artista que tienen en común una misma técnica: la cianotipia.

    Es un procedimiento artesanal de impresión de negativos en monocromo, realizada a través de una emulsión que revela las imágenes sobre cualquier soporte absorbente en diversos tonos de azul. Ajuar personal se compone de un conjunto de obras que recogen aquellos objetos que la artista considera imprescindibles para inaugurar un nuevo hogar, ya sea físico o vital. En Geografías recolonizadas: la devolución de Valsurbio a la naturaleza, M.ª Jesús Prieto ha trabajado en esta localidad despoblada y expoliada para reflexionar sobre la crisis ambiental y el paso del tiempo. Por último, las imágenes de Botánicas muestran la vegetación de la Montaña Palentina.

    El ajuar, según la RAE, es el conjunto de muebles, enseres y ropas de uso común en la casa. En su segunda acepción es ese grupo de bienes aportados por la mujer al matrimonio. Partiendo de esta definición, las mujeres incorporaban a la nueva convivencia la posibilidad de bienestar: para el descanso, la alimentación, el calor, la higiene y los cuidados. Todo ello en el espacio doméstico, sin acceso al poder ni al derecho a ser sujeto. Siglos de lucha para alcanzar la ciudadanía plena, la capacidad de obrar y la asunción de la cuota de poder hicieron obligado subvertir el orden establecido.

    Por eso se hace necesario renovar los utensilios que han de aportarse al nuevo hogar, en soledad o en compañía. Nuevo ajuar para uso propio y para compartir con todas las personas, en sus diversas identidades, que nos acompañan a lo largo de la vida. En Ajuar personal, las imágenes recogen la actitud contraria a «llevarse las manos a la cabeza», esa expresión atávica con tres significados distintos, pero todos pertinentes en esta obra: protección ante un sobresalto, empatía hacia el semejante o vergüenza por algún fallo propio. En este ajuar, las manos no van desnudas.

    Geografías recolonizadas se centra en la localidad de Valsurbio, un pueblo abandonado en el invierno de 1970 y situado al norte de Palencia, a 1.500 m de altitud. Un pueblo sin luz ni agua y cuyos habitantes se dedicaban al cuidado de ganado y al cultivo de cereales, patatas y frutales, hasta que la llegada de la minería en la zona cercana ofreció un futuro mejor para los y las jóvenes de dicha población. La dificultad de acceso hasta su ubicación ha permitido que, con lentitud, cada piedra haya ido cobijando musgos, líquenes y animales; el silencio ha permitido la nidificación de pájaros y el asentamiento de pequeños mamíferos; árboles y arbustos han extendido su dominio por caminos, patios y habitaciones. En esta devolución a la naturaleza de lo que, en principio, fue suyo, llama la atención que las huellas humanas se integren en la nueva geografía sin que se encuentren escombros, basura o cualquier elemento no compostables o que no sea un producto de la propia tierra. Una recolonización natural que nos permite reflexionar sobre lo efímero del ser humano, el tiempo y la muerte.

    Biografía

    M.ª Jesús Prieto (Palencia, 1962) es docente, escritora y artista visual. Se formó como maestra en la Escuela de Educación de Palencia en 1986 y se licenció en Filosofía por la UNED en 2002. Es diplomada en Estudios Avanzados en Filosofía Moral en 2009 y Experta Universitaria en Salud, Demografía y Sociedad de la Población Anciana por el Instituto de Salud Carlos III-UNED en 2012. Creó la asociación «Olbios» para activar la racionalidad, los valores éticos y el sentimiento de vínculo cívico, a través de la imagen y la palabra, impulsando proyectos y acciones dirigidas a mejorar la sociedad. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en salas y museos de la comunidad de Castilla y León, en la Universidad de Valladolid, en galerías de arte y otros espacios implicados en proyectos sociales. Colabora habitualmente con la prensa escrita y es miembro electo de asociaciones culturales y artísticas de ámbito local y autonómico.

    FUNDACIÓN DÍAZ-CANEJA
    C/ Lope de Vega, 2 — 34001 Palencia
    T. +34 979 747 392

    Ficha técnica
    • Serie: Recolonizaciones (Serie IV). 28 cianotipias de Valsurbio y 6 cianotipias botánicas de gran formato
    • Lugar: Valsurbio (Velilla del Río Carrión, Palencia), Montaña Palentina
    • Trabajo de campo: Invierno–primavera de 2024
    • Soporte: Papel de acuarela 100 % algodón, Saunders Waterford
    • Procedimiento: Catorce piezas a partir de negativo digital (desde RAW) pasado a acetato y contactado sobre el papel emulsionado. Las seis botánicas, por contacto directo de la planta recogida en el lugar
    • Exposición: Luz solar; tiempos variables según la densidad del negativo
    • Revelado / lavado: Agua corriente; secado al aire
    • Virados: Limón, jabón, cúrcuma y vegetales de la zona
    • Progresión: En las catorce piezas restantes el virado avanza pieza a pieza hasta cubrir la imagen por completo
    • Formato de obra: A3 aproximadamente, variable según pieza; gran formato en las botánicas
    • Digitalización: Escáner plano; limpieza de polvo; perfil sRGB para web
    • Año: 2024

    Fuentes. Wifredo Román Ibáñez reunió en Valsurbio: un pueblo enterrado en el pasado (Aruz Ediciones, Palencia) la historia del pueblo, su despoblación y los testimonios de quienes vivieron allí: los oficios, las costumbres, la vida antes del silencio. Su reportaje sobre Valsurbio está en la web de la editorial. Es, que yo sepa, lo único escrito sobre este pueblo.


    Ver también

  • Somos tipos de letra

    Somos tipos de letra

    Bodegón fotográfico con piezas tipográficas o letras sobre superficie neutra.

    «LA MAGIA DE LAS PALABRAS». Luis Landero.

    «Una vez, en la Universidad de Virginia, en Charlottesville, me hicieron el honor de dejarme a solas con los tres manuscritos que elegí, entre otros muchos que me ofrecieron. El primero era […] «Luz de agosto», mi novela preferida de Faulkner. […]. El segundo era un cuento de Borges, «El muerto», escrito en un cuaderno escolar con letra también escolar, de tan clara y aplicada que era. Leí varias veces la frase: «…la travesía es tormentosa y crujiente». En mi primera lectura, el segundo adjetivo me produjo un estremecimiento estético que aún recuerdo como si me acabase de ocurrir.»

    Imagino pocas palabras tan sorprendentes como el término «crujiente» en este texto de Borges. Comparto el estremecimiento reiterado de Luis Landero. Ninguna travesía, real o imaginada, vuelve a ser igual después de vislumbrar una posibilidad crocante.

    No solemos reparar en el milagro que obran los adjetivos. Parecen un actor o actriz secundaria en la obra lingüística, pero es puro teatro. Poseen el poder y el vigor de iluminar, esculpir, pormenorizar e incluso modificar totalmente la información del sustantivo. «Monstruo jurídico»; «inglés abstracto»; «tregua definitiva».

    Sin ninguna duda, el relato de nuestra memoria y las posibilidades de pensamiento y acción diarios se agigantarían si incorporásemos en nuestro lenguaje habitual unas cuantas gotas mágicas en forma adjetivada. Al despertar no es igual esperar o planear «una rutinaria mañana», que una «jugosa mañana». Y mucho menos proyectarla ágil, extrovertida, intrépida… o fogosa.

    Los adjetivos son aliados en el diseño de un buen vivir. Por eso nos interesan. Solo es necesario frecuentarlos con generosidad y positivamente.

    Este texto se publicó en el periódico mensual Gaceta de Castilla y León (pag. web. https://gacetadecastillayleon.com/«), dirigido por Esther Duque, en el año 2020 y por algún motivo, la fotografía lo resucita…

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  • Observar, reflexionar, concluir.

    Observar, reflexionar, concluir.

    Todas las miradas son pocas para conocer y comprender.

    Mirar es un verbo en plural. Observar, reflexionar y concluir por una misma: tres gestos para soltar anclajes y prejuicios, desoír el ruido o viejos mandatos y abrir hueco a paradigmas distintos. Mirar así, es tejer respuestas nuevas y dejar entrar nuevo saber, nuevas oportunidades sin que, por ello, nos alejemos de una ética aplicada a los nuevos tiempos. Arendt escribía que el mundo común se sostiene gracias a la pluralidad, porque no vivimos en soledad ni tenemos la verdad completa. Mirar con los ojos bien abiertos ensancha nuestro horizonte vital.

    Arte Palencia. Exposición colectiva organizada por la Asociación Thieldon. Diciembre 2023
    Escultura de Inmaculada Amor, «Un minuto para la calma». Arte Palencia. Diciembre 2023

    OJOS QUE MIREN TODO…

    • Observar para ver.
    • Reflexionar para desanclar.
    • Concluir para no delegar la mirada.
    • Tejer respuestas nuevas: conocimiento y cuidado.
    Detalle de escultura con esferas de vidrio en forma de ojos sobre varillas metálicas finas. Un ojo ámbar-anaranjado al centro, rodeado de esferas blancas y plateadas, sobre fondo gris claro.
    Conjunto de esferas de vidrio traslúcido en forma de ojo montadas sobre alambres metálicos, con un ojo ámbar entre las transparentes. Vista cercana.
    Primer plano de una esfera de vidrio traslúcida en forma de ojo sobre varilla, con otras esferas agrupadas en la parte inferior. Fondo gris claro.

    Ficha

    • Serie: Imagen & texto
    • Técnica / Formato: fotografía digital + texto
    • Lugar / Año: diciembre 2023
    • Con quién: Exposición Arte Palencia, con la Asociación Thieldon.
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  • Otras lenguas

    Otras lenguas

    Imagen de la exposición Naturaleza Imposible.

    Encina inclinada sobre un paisaje de páramo con horizonte alto y luz blanca azulada. Intervención fotográfica con capas de bruma y esporas suspendidas que velan el entorno del árbol.

    La encina se inclina como si tomase aire. El horizonte es alto y la luz, blanca azulada. El paisaje no espera detrás: narra. La intervención, ese polvillo de anillos lechosos y brumas bajas, hace visible lo que sustenta la escena y casi nunca miramos: esporas, humedad, alientos del sotobosque, sudor. Mirar así es apartarse un poco, dejar al árbol y a la atmósfera que lo envuelve, y nos abraza, su propio gesto. Quizá así podamos escuchar otras lenguas.

    Lo imposible, aquí, es método: una capa fotográfica y otra dibujada donde naturaleza y técnica se componen juntas. Sin estrépito, con lentitud: corteza plateada, giros del tronco, rumor efervescente del suelo y la hierba. La imagen pregunta por lo importante que no vemos (pequeños brotes, insectos ínfimos, vapor de humus) y por lo que falta: cuidados, manos, tiempo.

    ¿Qué podemos devolver nosotras? Un uso que no arrase, recoger las pequeñas basuras, una conversación abierta con quien habita el lugar, pedir al ayuntamiento que cuide lo que también es suyo.

    Si el aire tuviera escritura, quizá se parecería a estas marcas suspendidas; leerlas sería aprender a respirar con el territorio.

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  • Cuando la supervivencia se convierte en resistencia.

    Cuando la supervivencia se convierte en resistencia.

    Vidas entrelazadas de mujeres de la cuenca minera palentina (1934-1952)

    Portada del libro Cuando la supervivencia se convierte en resistencia. Vidas entrelazadas de mujeres de la cuenca minera palentina (1934-1952), con dos imágenes circulares y logotipos de entidades editoras.
    Posible ruta que recorrió Emiliana, con sus 8 hijos/as , junto con otras mujeres, desde Barruelo hasta el Collado del Terena, zona republicana.

    Dice Carmen Gª Colmenares que «Emprender una investigación como la que aquí presentamos no surge de la nada, sino que parte de un planteamiento ético personal para sacar a la luz el oscuro ámbito de lo doméstico al que fueron reducidas las mujeres durante la guerra y la posguerra. […] Reconoce la participación de las mujeres republicanas en la lucha antifranquista. Si bien cuantitativamente la represión fue menor, cualitativamente se puede hablar de una represión diferenciada en relación con el tipo de castigo, el modelo de redención y el tipo de educación.»

    Carmen Gª Colmenares y Erico González, nieto de Emiliana, recorriendo la ruta desde Barruelo hasta el Collado del Terena, zona republicana.

    Se elige Brañosera y Barruelo de Santullán porque en esa zona minera, la represión fue exacerbada. En esta investigación, los informantes clave ayudaron a localizar a cinco mujeres que huyeron al frente republicano siendo niñas. Algunas consiguen escapar y otras vuelven al pueblo una vez concluida la guerra. La investigación se nutre también con los relatos de vida aportados por varios familiares. Con todo ello es posible dibujar desde la genealogía inicial que recoge los testimonios de las mujeres represaliadas, a las 2ª y 3ª generaciones que investigan y recuperan su memoria o las generaciones posteriores que insertan su historia en la memoria cultural, a través del arte. En este último caso se cuenta con la obra de Cristina Lucas, Julia Otxoa, Isabel González, Marian López-Cao, Javier Ayarza, Cristina García Cuesta (con su recuperación de la pintora Francisca Dapena), Art al Quadrat y Mª Jesús Prieto, además de las acuarelas de Luis Muñoz sobre la cárcel de Palencia y el dibujo de Mª Jesús Manzano.

    Del libro es obligado destacar algunos puntos que merecen una lectura atenta en el texto original:

    • las estrategias de comunicación intergeneracional,
    • la importancia de la gestión de las huidas realizada por las mujeres y el mantenimiento de la supervivencia propia y de toda la prole,
    • las consecuencias del trauma transgeneracional, (investigación de Marian López Fernández-Cao),
    • Estudio sobre el rapado como práctica habitual de represión sexual diferenciada,( Dolores Martín Consuegra).
    • La recuperación de la pintora Franciska Dapena, (investigación de Cristina García Cuesta). Vida, obra, relación con el movimiento artístico Estampa Popular, posicionamiento contra la dictadura, encarcelamiento, etc.

    «Las pequeñas resistencias son base de las grandes resistencias.«

    Huida de Emiliana. Mª Jesus Prieto

    Este libro/entrada quiere sumar puentes: ampliar la memoria colectiva con nombres y experiencias concretas. Como escribió Figuera Aymerich:

    «Faltan puentes, hay que hacer puentes.»

    Puede adquirirse en el Ayuntamiento de Barruelo y en el Museo de la Mina de la misma localidad.

    Ver también

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