Reserva Natural das Dunas de Sao Jacinto. Portugal.
La alegría es un placer del alma. El eco entusiasta de la fiesta a la que el cuerpo asiste sin necesidad de horarios ni preparación.
Es verdad, como asegura Trapiello, que la belleza siempre lleva traje de diario y la encontramos cualquier día, en cualquier espacio sencillo, acompañada del silencio y el pensamiento. Espectacular atardecer de música y champagne visual.
Morder la tapa, clavar las uñas en su borde. Agrandar la rendija. Resistir el miedo. Respirar otro aire, sacar la lengua. Lamer “lo otro”, captar su sonido. Alimentar el pensamiento. Abandonar la cápsula. Escabullirse.
Toda fotografía es un pillaje al tiempo. Una moneda ofrecida a la memoria que recibe el fruto. El ojo elige.
Cada imagen es una secuencia rota, un pequeño vestigio inalterable y libre, que sostiene el pasado como camino hacia el futuro.
El viejo muelle abandona la creación que le fue dada. Se diluye en el agua cerrando el ciclo de una forma de vida y de unos pescadores sin relevo. Prepara tiempos obligados, inciertos puntos de vista desde estados desconocidos.
En general, así también le ocurre a la vida humana: una sucesión de entregas y disoluciones.
A veces el azar trae vientos cálidos colmados de semillas, que germinan en cada rincón abrazado. MJP
Sobre este cuaderno Arrugas en un traje recién planchado, de Julián Alonso, reúne poemas a los que busqué imágenes compañeras en ritmo y materia. La fotografía no ilustra sino que acompaña y responde al verso, escucha su música, su espacio, su respiración y devuelve atención y cuidado a lo pequeño.
Andy Warhol se asoma por tus ojos. Tus ojos que el pincel multiplica por cuatro. Cuatro planos de luz acotando un espacio. Un espacio preciso que ha ocupado tu rostro. Tu rostro, que nos mira y otorga porque calla.
Sobre la necesidad de pensar, soñar, hacer, transformar, cuidar, persistir…
El otoño, como metáfora de experiencia y sabiduría. La naturaleza enredada en Perséfone y las semillas de granada. El aviso susurrado a cada “ser de tiempo”, desde la experiencia cíclica. Los verbos gemidos por el círculo violentado hacia el progreso lineal.
Otoño como estación y como estado: tiempo de cosecha, de soltar y de guardar. Perséfone y las semillas de granada, la vida cíclica frente al viejo mito del progreso lineal. Los infinitivos pensar, soñar, hacer, transformar, cuidar, persistir… no ordenan: abren. Verbos-umbral para habitar una vida más humana y más digna, sin prisa y con memoria.