Categoría: Serie II: Imagen & Texto

Serie de diálogos foto-texto. Desde una mirada feminista y situada, busco devolver atención a lo pequeño y hacer visible la trama que une poema, imagen y territorio. Ritmo, silencio y cuidado

  • El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y laurel

    El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y laurel

    Arboleda con troncos retorcidos, fotografía intervenida con dominante azul-turquesa que tiñe follaje y tierra.

    Limón y laurel. Respiración y memoria. La lengua saborea el color y lo vuelve materia: ¿Quién asegura que los colores reales no son los soñados, o aquellos que deseamos encapsulados sobre la laringe que alimenta los pulmones?

    Los versos robados a Francisco Layna de su poema “Para después de los Ángeles que huyeron” (Tierra impar, AErea / Carménère), son la puerta a otro conocimiento posible. Tomo sus versos como umbral: el amarillo celebra mientras el azul nutre.

    “…/El color contrario del blanco es el rojo, decía Pastoreau,/ historiador de los animales. Antes había dos colores/negros. También la sal dejó de existir. /El amarillo era para las fiestas y el azul se comía, limón y/laurel.”

    La imagen responde a esta gramática simbólica (histórica, sensorial, política) y la devuelve al presente en el campo de saberes sensitivos y lingüísticos. Leer así el color es otra manera de escucha activa: del cuerpo, del territorio y de sus latidos. Lo mínimo, un cítrico o una hoja, se vuelve atlas.

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  • Soledad iluminada

    Soledad iluminada

    Banco de madera pintado de azul desgastado frente a una puerta azul cobalto encastrada en pared blanca encalada con desconchones. Suelo de cemento.

    Es cruel la soledad iluminada. Masca amargura. La claridad excluye todo matiz medicinal. Y no hay sordidez a salvo de cada auto-inspección.

    Pero de esa revisión sin piedad, nace la obra: el gesto que transforma la herida en forma, la introspección en materia visible.

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  • La ciudad que amaba…

    La ciudad que amaba…

    Calle de Lisboa con luz de mañana nublada.

    La ciudad que amaba nuestro amigo sigue siendo la misma. Ha habido algún cambio, pero se trata de cambios menores. […] Nosotros ahora vivimos en otra parte, en otra ciudad muy distinta, y más grande. […] Pero cuando regresamos, nos basta con cruzar el vestíbulo de la estación y caminar por la niebla de las avenidas para sentirnos como en nuestra casa.

    Natalia Ginzburg, primeras líneas de «Retrato de un amigo», en Las pequeñas virtudes. Traducción de Celia Filipetto. Barcelona, Acantilado, 2002.

    Ginzburg escribe sobre Turín, y el amigo del retrato es Cesare Pavese. Estas calles son de Lisboa. La ciudad que se ama no se deja fotografiar: se reconoce al volver.

    Somos seres finitos: caminamos entre el inicio y el fin sin salir del espacio-tiempo que nos tocó. El país, el momento histórico, lo vivido, lo hablado con otras personas: todo eso hace que el ciclo biológico sea solo una parte pequeña de la crónica.

    Y porque tenemos palabra, es la narración del yo y de sus circunstancias la que viste de sentido cada vida. Como en cualquier relato, releemos páginas y reinterpretamos los días.

    ¿Qué ha cambiado en la ciudad? ¿Los bares donde reíamos? ¿Qué, del olor de las droguerías? ¿Y del tiempo extraviado en aquel transporte lento? ¿Dónde la sombra de los castaños? ¿Es distinta la música del atardecer en las calles? ¿Qué hace un banco en la tienda de ultramarinos?

    Publicado en la columna «Leer, para vivir mejor», Gaceta de Castilla y León, 16 de marzo de 2016. La dirección original del artículo dejó de funcionar tras un cambio de la web del periódico.


    Ver también

  • Desbordamientos

    Desbordamientos

    Papel de celoón amarillo escapando de un bote, sobre fondo blanco.

    Morder la tapa, clavar las uñas en su borde. Agrandar la rendija. Resistir el miedo. Respirar otro aire, sacar la lengua. Lamer “lo otro”, captar su sonido. Alimentar el pensamiento. Abandonar la cápsula. Escabullirse.

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  • Arrugas en un traje…

    Arrugas en un traje…

    Arrugas en un traje recién planchado

    A veces el azar trae vientos cálidos colmados de semillas, que germinan en cada rincón abrazado. MJP

    Sobre este cuaderno
    Arrugas en un traje recién planchado, de Julián Alonso, reúne poemas a los que busqué imágenes compañeras en ritmo y materia. La fotografía no ilustra sino que acompaña y responde al verso, escucha su música, su espacio, su respiración y devuelve atención y cuidado a lo pequeño.

    Cuaderno completo: Poemario e imágenes

    Andy Warhol se asoma por tus ojos.
    Tus ojos que el pincel multiplica por cuatro.
    Cuatro planos de luz acotando un espacio.
    Un espacio preciso que ha ocupado tu rostro.
    Tu rostro, que nos mira y otorga porque calla.

    Dime qué ves, en esa luz cambiante

    © Julián Alonso

    Ficha

    • Serie: Imagen & texto
    • Técnica: fotografía digital
    • Lugar / Año: 2017
    • Con quién: Julián Alonso (poeta)

    Créditos y derechos
    Texto © Julián Alonso. Imagen © M. J. Prieto. Reproducido y publicado con respeto a los derechos de autor.

    Fotografía intervenida con silla metálica oscura frente a pared con manchas de pintura azul y percebes. Proyecto Puntos de vista, 2016.

    Ver también

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