Etiqueta: memoria

  • AJUAR PERSONAL Cianotipias

    AJUAR PERSONAL Cianotipias

    El proyecto «AJUAR PERSONAL» recoge aquellos valores, herramientas, etc. que considero imprescindibles para inaugurar un nuevo hogar, ya sea físico o vital. Las imágenes recogen la actitud contraria a «llevarse las manos a la cabeza», esa expresión atávica con tres significados distintos, pero todos pertinentes en esa obra: de protección ante un sobresalto, empatía hacia el semejante, o vergüenza por algún fallo propio… En este ajuar la acción es su esencia y las manos no van desnudas. Del ajuar como carga asignada a las mujeres al ajuar como derecho a la acción en lo privado y en lo común.

    Cianotipia sobre papel de acuarela Archés, 100% algodón, sin ácido. Grano fino. Aplicación de la emulsión con paletina japonesa fabricada con pelo de cabra. Revelado al sol. Baño oxigenado y lavado final en lavadora automática Paterson. Virado parcialmente con ácido cítrico (limón).

    Expuestas en Galería Ancora, Calle Puente, 3 Aguilar de Campoo (Palencia), hasta el 29 de noviembre de 2020. Un espacio luminoso y cálido que os sorprenderá.

    Esta colección se expuso nuevamente en el Museo de Arte Contemporáneo Fundación Diaz Caneja, dentro del festival Pallantia Photo en el mes de junio de 2024. En la hoja de sala se recogía este texto:

    «El ajuar, según la RAE, es el conjunto de muebles, enseres y ropas de uso común en la casa. En su segunda acepción es ese grupo de bienes aportados por la mujer al matrimonio. Partiendo de esta definición, las mujeres incorporaban a la nueva convivencia la posibilidad de bienestar: para el descanso, la alimentación, el calor, la higiene y los cuidados. Todo ello en el espacio doméstico, sin acceso al poder ni al derecho a ser sujeto. Siglos de lucha para alcanzar la ciudadanía plena, la capacidad de obrar y la asunción de la cuota de poder hicieron obligado subvertir el orden establecido.

    Por eso se hace necesario renovar los utensilios que han de aportarse al nuevo hogar, en soledad o en compañía. Nuevo ajuar para uso propio y para compartir con todas las personas, en sus diversas identidades, que nos acompañan a lo largo de la vida.»

    Estas son algunas imágenes:

    Exposición Ajuar personal, con la modelo. Museo Fundación Diaz Caneja.
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  • Verde Doncella

    Verde Doncella

    Bodegón en blanco y negro: jarrón con ramas de eucalipto y una manzana pequeña sobre fondo claro.«No es que fuéramos felices por entonces,
    pero había ese instante de música en los ojos,
    esa pura belleza de lo efímero
    que sólo ha de durar lo que un silencio,
    lo que dura entre dos una canción…
    «

    La música del Tiempo. Luis Alonso

    Bodegón en blanco y negro donde el “verde” se vuelve amor y memoria. Jarrón, eucalipto y una manzana verde doncella. Una especie a punto de perderse. La ausencia de color destaca luz, pieles, brillos y densidades; convierte la variedad en relato táctil más que cromático.

    La escena contrapone ritmos: el eucalipto, veloz, expansivo y envolvente; la manzana local, lenta y frágil en su pervivencia. No es un choque moral, sino una alerta: ¿Qué cultivos sostenemos y cuáles dejamos caer? Conservar una variedad no es épica, es cuidar, podar, compartir esquejes, nombrar. La verde doncella es pequeña y de forma irregular, (nada bueno para los supermercados), pero jugosa y dulce como pocas.

    La pequeña manzana nos habla de persistencia: una forma de vida que reclama vínculo con el territorio. El bodegón propone una ética simple: mirar despacio, nombrar lo que se apaga y devolverlo a la mesa común.

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  • Refugios antibombardeos

    Refugios antibombardeos

    Bodegón fotográfico sobre fondo blanco: cuchara de sopa de acero rodeada de fichas de letras plásticas blancas dispersas, algunas dentro de la cuchara.

    Vuelven a ser necesarios los refugios para sobrevivir al bombardeo de la mañana. La voz de los amos, (que no de políticos), arrojada por los medios de comunicación, atraviesa hasta las trincheras. Las sirenas hace tiempo que dejaron de ser intermitentes.

    Hay algo peor que la guerra, dice Angélica Liddell: cuando la vida entera se transforma en un crimen.  En ello estamos. Asistiendo al hambre, a la miseria, a la insolidaridad, al despojo de la mayoría mientras engordan los escasos favorecidos. Con la mirada pasmada ante la risa imbécil de los dirigentes.

    Construyamos urgentemente grandes extensiones de guaridas antipatraña, antipropaganda, antiadormidera, antimanipulación. Con quirófano, escuela y jardines por los que pasear, contemplar la belleza, reflexionar y construir un futuro distinto sobre la tierra.  Comenzando en los bajos de nuestra propia casa.

    Necesitamos recolonizar nuestro hábitat de una manera mucho más digna.

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  • No hay patrimonio…

    No hay patrimonio…

    Balas de heno enrolladas sobre un campo cosechado en Villaeles de Valdavia, Palencia. Paisaje de llanura castellana bajo cielo abierto.

    No hay patrimonio. Ni la espuma de las olas, ni el heno en las laderas. Las autopistas comunican cerros o consideraciones.

    Hierba y grano generan su manto salado.

    La cosecha fermenta el temporal.

    No hay patrimonio, sino migraciones.

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  • La ciudad que amaba…

    La ciudad que amaba…

    Calle de Lisboa con luz de mañana nublada.

    La ciudad que amaba nuestro amigo sigue siendo la misma. Ha habido algún cambio, pero se trata de cambios menores. […] Nosotros ahora vivimos en otra parte, en otra ciudad muy distinta, y más grande. […] Pero cuando regresamos, nos basta con cruzar el vestíbulo de la estación y caminar por la niebla de las avenidas para sentirnos como en nuestra casa.

    Natalia Ginzburg, primeras líneas de «Retrato de un amigo», en Las pequeñas virtudes. Traducción de Celia Filipetto. Barcelona, Acantilado, 2002.

    Ginzburg escribe sobre Turín, y el amigo del retrato es Cesare Pavese. Estas calles son de Lisboa. La ciudad que se ama no se deja fotografiar: se reconoce al volver.

    Somos seres finitos: caminamos entre el inicio y el fin sin salir del espacio-tiempo que nos tocó. El país, el momento histórico, lo vivido, lo hablado con otras personas: todo eso hace que el ciclo biológico sea solo una parte pequeña de la crónica.

    Y porque tenemos palabra, es la narración del yo y de sus circunstancias la que viste de sentido cada vida. Como en cualquier relato, releemos páginas y reinterpretamos los días.

    ¿Qué ha cambiado en la ciudad? ¿Los bares donde reíamos? ¿Qué, del olor de las droguerías? ¿Y del tiempo extraviado en aquel transporte lento? ¿Dónde la sombra de los castaños? ¿Es distinta la música del atardecer en las calles? ¿Qué hace un banco en la tienda de ultramarinos?

    Publicado en la columna «Leer, para vivir mejor», Gaceta de Castilla y León, 16 de marzo de 2016. La dirección original del artículo dejó de funcionar tras un cambio de la web del periódico.


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