Etiqueta: memoria

  • Verde Doncella

    Verde Doncella

    Verde doncella«No es que fuéramos felices por entonces,
    pero había ese instante de música en los ojos,
    esa pura belleza de lo efímero
    que sólo ha de durar lo que un silencio,
    lo que dura entre dos una canción…
    «

    La música del Tiempo. Luis Alonso

    Bodegón en blanco y negro donde el “verde” se vuelve amor y memoria. Jarrón, eucalipto y una manzana verde doncella. Una especie a punto de perderse. La ausencia de color destaca luz, pieles, brillos y densidades; convierte la variedad en relato táctil más que cromático.

    La escena contrapone ritmos: el eucalipto, veloz, expansivo y envolvente; la manzana local, lenta y frágil en su pervivencia. No es un choque moral, sino una alerta: ¿Qué cultivos sostenemos y cuáles dejamos caer? Conservar una variedad no es épica, es cuidar, podar, compartir esquejes, nombrar. La verde doncella es pequeña y de forma irregular, (nada bueno para los supermercados), pero jugosa y dulce como pocas.

    La pequeña manzana nos habla de persistencia: una forma de vida que reclama vínculo con el territorio. El bodegón propone una ética simple: mirar despacio, nombrar lo que se apaga y devolverlo a la mesa común.

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  • Refugios antibombardeos

    Refugios antibombardeos

    Sopa de Letras

    Vuelven a ser necesarios los refugios para sobrevivir al bombardeo de la mañana. La voz de los amos, (que no de políticos), arrojadas por los medios de comunicación, atraviesan hasta las trincheras. Las sirenas hace tiempo que dejaron de ser intermitentes.

    Hay algo peor que la guerra, dice Angélica Liddell: cuando la vida entera se transforma en un crimen.  En ello estamos. Asistiendo al hambre, a la miseria, a la insolidaridad, al despojo de la mayoría mientras engordan los escasos favorecidos. Con la mirada pasmada ante la risa imbécil de los dirigentes.

    Construyamos urgentemente grandes extensiones de guaridas antipatraña, antipropaganda, antiadormidera, antimanipulación. Con quirófano, escuela y jardines por los que pasear, contemplar la belleza, reflexionar y construir un futuro distinto sobre la tierra.  Comenzando en los bajos de nuestra propia casa.

    Necesitamos recolonizar nuestro hábitat de una manera mucho más digna.

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  • No hay patrimonio…

    No hay patrimonio…

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    No hay patrimonio. Ni la espuma de las olas, ni el heno en las laderas. Las autopistas comunican cerros o consideraciones.

    Hierba y grano generan su manto salado.

    La cosecha fermenta el temporal.

    No hay patrimonio, sino migraciones.

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  • La ciudad que amaba…

    La ciudad que amaba…

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    La ciudad que amaba nuestro amigo sigue siendo la misma. Ha habido algún cambio, pero se trata de cambios menores: han puesto trolebuses, han hecho algún paso subterráneo. No hay cines nuevos. Siguen estando los antiguos, con los nombres de entonces: nombres que al repetirlos vuelven a despertar en nosotros la juventud y la infancia. Nosotros ahora vivimos en otra parte, en otra ciudad muy distinta, y más grande. […] Pero cuando regresamos, nos basta con cruzar el vestíbulo de la estación y caminar por la niebla de las avenidas para sentirnos como en nuestra casa.” (Retrato de un amigo. Natalia Ginzburg)

    El ser finito que somos, camina sobre la tensa cuerda que une el inicio y el fin de su existencia, sin posibilidad de escapar del espacio-tiempo que le tocó en suerte: El país, el momento histórico, la experiencia, la comunicación con los otros… hacen que el ciclo biológico sea, solo, una pequeña parte de la crónica.

    Dotados de palabra, como estamos, es la narración del yo y todas las circunstancias, quien viste de sentido cada vida. Y como en cualquier narración, releemos páginas y reinterpretamos los días.

    Continúa leyendo en Retrato de un amigo , publicado en Gaceta de Castilla y León.

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  • Agua salada

    Agua salada

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    “La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas, el mar”. Karen Blixen

    Cuenta Jesús Marchamalo que Karen Blixen llegó al puerto de Mombasa, “que suena como una campanilla, kilindini, con su equipaje, una enorme pamela, traje blanco y sombrilla, en un bote de remos”, y no es difícil imaginar su voz años más tarde, rebosante de África, pronunciando con sonido magnético: “la cura para todo es siempre agua salada…”

    Nada bello se consigue sin esfuerzo”, dice el maestro de espada al pequeño Teseo, de André Gide, mientras protesta por el ejercicio obligado. Sólo con ahínco vencerá -y venceremos- los obstáculos que hienden la vida. A fuerza de sudor, real o metafórico, triunfa cuerpo y voluntad. Sudor. Agua salada.

    La revelación de los sentimientos intensos apresura lágrimas. “El exceso de pena ríe. El exceso de dicha llora” escribe Willam Blake. Pero bien pueden llorar ambos extremos hasta la catarsis que restaura el bienestar. Lágrimas-bálsamo. Agua salada.

    “El mar. La mar /El mar. ¡Sólo la mar!” proclama Alberti. El susurro rítmico de las olas, el arrastre infinito de la arena, el horizonte inagotable, el sentimiento de inmensidad, la contemplación que restaura el espíritu, –cum templum– como en un templo. Mar, agua salada.

    Karen Blixen regresó a Dinamarca, continúa Marchamalo, e instaló su vieja máquina de escribir en una pequeña habitación de grandes ventanales. Quizá allí redactó esta corta receta medicinal para el botiquín básico del siglo XXI y cambió para siempre nuestra percepción del empeño, el dolor y el paisaje. Aprovechen esta nueva mirada para crecer con el esfuerzo, evolucionar con las penas y rebrotar con el mar.

    Este texto se publicó en el la Gaceta Castilla y León en noviembre de 2017. Puedes leer algunos textos del periódico en su blog:  https://gacetadecastillayleon.com/

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