
Nadie vive margen de la sociedad donde habita. No somos mónadas sin ventanas como decía Leibniz, sino cuerpos porosos a los otros.
Tampoco existe la individualidad absolutamente autónoma, ni es posible la desvinculación emocional de la comunidad que, de algún modo, proporciona seguridad. Cada existencia sostiene una red invisible de cuidados, afectos y dependencias.
Todas las personas dependemos unas de otras, y…
Todas las cosas,
Próximas o lejanas,
En secreto
Están vinculadas unas con otras
Y no se puede tocar una flor
Sin alterar una estrella. (Francis Thompson)
Esta es la tarea: reconocer y amar los hilos que nos unen, incluso cuando parecen invisibles. Habitar sin aislarse, cuidar sin absorber, comprender que la ética comienza en la interdependencia.
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«No es que fuéramos felices por entonces,
Entiendo la resiliencia como la sabiduría adquirida con el paso de los años. La aceptación de lo que no puede cambiarse, porque no depende de nuestras posibilidades, el asentamiento de la templanza, el crecimiento de la serenidad, la habilidad de recomponerse dignamente de las circunstancias adversas.














