Vestir con flores el fracaso. Por compasión, sosiego a los despojos mientras duran.
A veces no es posible cambiar el momento, las circunstancias. Solo queda habilitar serenamente un espacio de atención y escucha. Sostener la mirada ética sobre el dolor, sin explotarlo, sin negarlo. Importa estar, sostener, resistir… «mientas dura».
La barandilla de flores inventadas acabará siendo innecesaria.
No es fácil sorprender o emocionar en un tema tan estudiado y practicado a lo largo de siglos. El bodegón fue, durante siglos, un ejercicio de virtuosismo. Aquí, es un gesto narrativo: un vaso sostiene una historia en dos escenas. En la primera, la tensión del límite; en la segunda, la calma lúcida. En estas dos fotografías tituladas «historia de un vaso», intenté hilar un pequeño relato en el que se cupiera la vida entera, la fugacidad de los días, la vejez, el legado. Desde el desenfado y el humor.
Pero no solo busqué una descripción en entre dos hitos, sino que cada fotografía hablase por sí misma:
La primera muestra imposición de los cuerpos normados en las mujeres, la imposibilidad de escapar de los límites impuestos, la falta de libertad, el ahogo.
La segunda intenta ser una mirada honrada sobre la realidad finita, para que actúe como sortilegio de curación que prepara la vida aceptando la muerte, al estilo de la razón compadecida que Zambrano expone de Séneca. Visualizar para aceptar, aceptar para transformarse.
Ficha final
Serie: Bodegón Expandido Obra(s) destacada(s):Historia de un vaso I–II (2018) Técnica/Proceso: Fotografía digital; impresión pigmentaria sobre lienzo 100% algodón, Canvas premium Artist textured 380, Impresión Giclée 12 tintas.
Dimensiones: Lienzo con bastidor 80×120 cm · Edición/Tiraje: 1/3 Archivo/DPI: TIFF 16-bit, 300 dpi Ubicación: Colección artista · Presentada en Museo de Arte Contemporáneo Díaz-Caneja (Palencia)
El lienzo Hª de un vaso 1, fue donado a la Universidad de Valladolid, para formar parte del proyecto abierto del Vicerrectorado del Campus de Palencia, «Un campus con arte»,
Vuelven a ser necesarios los refugios para sobrevivir al bombardeo de la mañana. La voz de los amos, (que no de políticos), arrojadas por los medios de comunicación, atraviesan hasta las trincheras. Las sirenas hace tiempo que dejaron de ser intermitentes.
Hay algo peor que la guerra, dice Angélica Liddell: cuando la vida entera se transforma en un crimen. En ello estamos. Asistiendo al hambre, a la miseria, a la insolidaridad, al despojo de la mayoría mientras engordan los escasos favorecidos. Con la mirada pasmada ante la risa imbécil de los dirigentes.
Construyamos urgentemente grandes extensiones de guaridas antipatraña, antipropaganda, antiadormidera, antimanipulación. Con quirófano, escuela y jardines por los que pasear, contemplar la belleza, reflexionar y construir un futuro distinto sobre la tierra. Comenzando en los bajos de nuestra propia casa.
Necesitamos recolonizar nuestro hábitat de una manera mucho más digna.