Categoría: Serie I: Paisajes y afecto

Exploro cómo el territorio nos afecta y cómo lo afectamos. Desde una mirada feminista y situada, devuelvo atención a lo pequeño y a lo omitido: paisajes, detalles, restos. Imágenes lentas para cuidar vínculos y pertenencias, sin idealizar lo rural

  • En compañía

    En compañía

    Costa del Cabo de Gata, Almería: acantilados volcánicos y agua en tonos azules y turquesas bajo cielo despejado.

    Nadie vive al margen de la sociedad donde habita. No somos mónadas sin ventanas como decía Leibniz, sino cuerpos porosos a los otros.

    Tampoco existe la individualidad absolutamente autónoma, ni es posible la desvinculación emocional de la comunidad que, de algún modo, proporciona seguridad. Cada existencia sostiene una red invisible de cuidados, afectos y dependencias.

    Todas las personas dependemos unas de otras, y…

    Todas las cosas,
    Próximas o lejanas,
    En secreto
    Están vinculadas unas con otras
    Y no se puede tocar una flor
    Sin alterar una estrella. (Francis Thompson)

    Esta es la tarea: reconocer y amar los hilos que nos unen, incluso cuando parecen invisibles. Habitar sin aislarse, cuidar sin absorber, comprender que la ética comienza en la interdependencia.

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  • Entretiempo

    Entretiempo

    Barca en reposo lejos de la orilla, con el mar en calma. Cielo y agua confundidos en un gris perlado.

    Una barca descansa lejos de la orilla. El mar apenas respira. Cielo y agua se confunden en un gris perlado que disuelve las fronteras.

    El tiempo parece suspendido. No trabaja, pero tampoco está desahuciada. Sus cicatrices permiten navegar. Solo es un «entretiempo», un modo de existir fuera de la utilidad.

    Un recordatorio de que también los objetos, los cuerpos o las vidas pueden reposar antes de volver al agua.

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    Avatar de confesionesdeunmironConfieso que he mirado

    Me escribe una amiga quejándose de que se ‘entretiene’ mucho con demasiadas cosas, y me pregunta si a mí me pasa algo semejante. ‘¡A Noé le vas a hablar de la lluvia!’, murmuro para mis adentros. De sobra sabe ella que sí. Y no sólo es que yo me entretenga con facilidad sino que me distraigo con casi cualquier cosa. A tal efecto, me valen por igual una noticia irrelevante oída en la radio que mirar por la ventana y ver llover; la disposición de los papeles o pequeños objetos que me encuentro cada mañana sobre la mesa donde escribo –taza de café, lápiz, agenda, bolígrafo, cargador del móvil, notas, papeles, el manuscrito de un poemario inédito de Paco Layna…– compite en interés, en capacidad de distracción, con los pensamientos que ocuparon mi mente desde que me desperté hoy a las 6.23 hasta que encendí la radio a las 7.15…

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  • Refugios antibombardeos

    Refugios antibombardeos

    Bodegón fotográfico sobre fondo blanco: cuchara de sopa de acero rodeada de fichas de letras plásticas blancas dispersas, algunas dentro de la cuchara.

    Vuelven a ser necesarios los refugios para sobrevivir al bombardeo de la mañana. La voz de los amos, (que no de políticos), arrojada por los medios de comunicación, atraviesa hasta las trincheras. Las sirenas hace tiempo que dejaron de ser intermitentes.

    Hay algo peor que la guerra, dice Angélica Liddell: cuando la vida entera se transforma en un crimen.  En ello estamos. Asistiendo al hambre, a la miseria, a la insolidaridad, al despojo de la mayoría mientras engordan los escasos favorecidos. Con la mirada pasmada ante la risa imbécil de los dirigentes.

    Construyamos urgentemente grandes extensiones de guaridas antipatraña, antipropaganda, antiadormidera, antimanipulación. Con quirófano, escuela y jardines por los que pasear, contemplar la belleza, reflexionar y construir un futuro distinto sobre la tierra.  Comenzando en los bajos de nuestra propia casa.

    Necesitamos recolonizar nuestro hábitat de una manera mucho más digna.

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  • No hay patrimonio…

    No hay patrimonio…

    Balas de heno enrolladas sobre un campo cosechado en Villaeles de Valdavia, Palencia. Paisaje de llanura castellana bajo cielo abierto.

    No hay patrimonio. Ni la espuma de las olas, ni el heno en las laderas. Las autopistas comunican cerros o consideraciones.

    Hierba y grano generan su manto salado.

    La cosecha fermenta el temporal.

    No hay patrimonio, sino migraciones.

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  • Agua salada

    Agua salada

    Barca varada en la arena, con vista al mar en calma y horizonte abierto.

    «La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas, el mar». Karen Blixen

    Cuenta Jesús Marchamalo que Karen Blixen llegó al puerto de Mombasa, «que suena como una campanilla, kilindini, con su equipaje, una enorme pamela, traje blanco y sombrilla, en un bote de remos«, y no es difícil imaginar su voz años más tarde, rebosante de África, pronunciando con sonido magnético: «la cura para todo es siempre agua salada…»

    «Nada bello se consigue sin esfuerzo«, dice el maestro de espada al pequeño Teseo, de André Gide, mientras protesta por el ejercicio obligado. Sólo con ahínco vencerá -y venceremos- los obstáculos que hienden la vida. A fuerza de sudor, real o metafórico, triunfa cuerpo y voluntad. Sudor. Agua salada.

    La revelación de los sentimientos intensos apresura lágrimas. «El exceso de pena ríe. El exceso de dicha llora» escribe William Blake. Pero bien pueden llorar ambos extremos hasta la catarsis que restaura el bienestar. Lágrimas-bálsamo. Agua salada.

    «El mar. La mar /El mar. ¡Sólo la mar!» proclama Alberti. El susurro rítmico de las olas, el arrastre infinito de la arena, el horizonte inagotable, el sentimiento de inmensidad, la contemplación que restaura el espíritu, –cum templum– como en un templo. Mar, agua salada.

    Karen Blixen regresó a Dinamarca, continúa Marchamalo, e instaló su vieja máquina de escribir en una pequeña habitación de grandes ventanales. Quizá allí redactó esta corta receta medicinal para el botiquín básico del siglo XXI y cambió para siempre nuestra percepción del empeño, el dolor y el paisaje. Aprovechen esta nueva mirada para crecer con el esfuerzo, evolucionar con las penas y rebrotar con el mar.

    Este texto se publicó en la Gaceta de Castilla y León en noviembre de 2017. Puedes leer algunos textos del periódico en su blog: https://gacetadecastillayleon.com/

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