Me gusta visitar ese invierno que congela el agua y ordena, con un ritmo casi secreto, los carámbanos que cuelgan de los aleros. Me gusta el blanco de la nieve sobre los mampuestos y la luz rebotada que inunda el espacio hasta volverlo más nítido, más brillante. Puedo decirlo porque no lo habito, no lo padezco.
Quienes viven dentro de ese blanco saben lo que pesa. La nieve pisada resbala. Hay que espalar para llegar al leñero donde se guarda la encina que alimentará la chimenea. Las furgonetas de suministros dependen de la quitanieves. La casa deja de ser solo hogar y se convierte en refugio obligado.
Quienes visitamos el frío vemos una sola cara: el resplandor limpio de la mañana, el goteo suave del deshielo, la luz que agranda el canto de los pájaros. Por eso puedo decir que me gusta: es una suerte entrar en la belleza de un territorio sabiendo que otros sostienen, con trabajo y prudencia, la vida dentro de ese blanco. La fotografía es del mismo orden: entrar, mirar y salir. Lo que permanece lo sostienen quienes se quedan.
Seguir mirando: belleza, intemperie y territorio vivido.
La Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Palencia convocó en 2024 un proyecto de nombre numérico: Las diez y diez. Diez escritoras y diez artistas visuales palentinas, cada una con su obra, para hacer juntas un libro y una exposición colectiva. La presentación fue el 7 de marzo de 2025 en la Fundación Díaz-Caneja.
Aporté a la edición dos imágenes deVerduras con glamour: Lombarda con escarabajo e Hinojo. La serie es un proyecto de autoaceptación y cuidado de sí: composiciones que buscan subvertir las jerarquías culturales alrededor de lo bello y lo sofisticado combinándolo con lo cotidiano y perecedero —como somos todas—.
El texto de apertura es de Raquel Lozano: «en un mundo donde la historia del arte ha sido escrita en su mayoría con tinta masculina, Las diez y diez emerge como una poderosa antología que reivindica el lugar de las mujeres en el panorama artístico contemporáneo palentino.» El libro hace exactamente eso: veinte nombres, veinte modos de ver, un archivo hecho entre muchas.
Seguir mirando: coautorías, libros y exposiciones colectivas.
Sobre la necesidad de pensar, soñar, hacer, transformar, cuidar, persistir…
El otoño, como metáfora de experiencia y sabiduría. La naturaleza enredada en Perséfone y las semillas de granada. El aviso susurrado a cada “ser de tiempo”, desde la experiencia cíclica. Los verbos gemidos por el círculo violentado hacia el progreso lineal.
Otoño como estación y como estado: tiempo de cosecha, de soltar y de guardar. Perséfone y las semillas de granada, la vida cíclica frente al viejo mito del progreso lineal. Los infinitivos pensar, soñar, hacer, transformar, cuidar, persistir… no ordenan: abren. Verbos-umbral para habitar una vida más humana y más digna, sin prisa y con memoria.
Una reflexión sobre el cuidado de nuestra democracia.
Este relato visual, acogido en el Museo del Agua, en Palencia, nace como una apuesta por una vida en común posible. Cada fotografía habla de la sociedad que habitamos y del empeño, siempre inacabado, por hacerla más justa. No pide al espectador/a una fe ciega, sino una forma de presencia: mirar, pensar, actuar. La belleza aquí no es adorno; es una disciplina de cuidado.
Las imágenes interpelan a la ciudadanía sustantiva: participar más allá del trámite, salir del «como si» y asumir la vida común como tarea compartida. No hay héroes ni heroínas salvadoras. Hay pactos, gestos menores que se vuelven grandes cuando son colectivos: acudir, sostener, exigir, discutir con método y respeto, abrir espacio para la diferencia. Democracia como práctica cotidiana, no como reliquia.
Desde el primer verso de Hesíodo, «en primer lugar existió el caos«, se tiende un hilo. Deshacer enredos, hilar razones, negociar sin humillar, perfeccionar sin dogma. Libertad entendida como no dominación; igualdad que no borra singularidades; cuidado como infraestructura de lo político. Hay un inventario de herramientas: método, razones, libertad, igualdad, solidaridad, no dañar, y también una advertencia: codicias, opacidades y corrupciones que acechan cualquier proyecto.
El texto de Luis Alonso acompaña y afina esta partitura: del lío a la luz, del amontonamiento a la armonía. La consigna que propone, breve y exigente, podría resumir el ánimo de la serie: «Virtù vince fortuna«. Que la voluntad (ética y común) se imponga al azar y al cansancio. O dicho de otro modo: mejorar, regenerar, acrecentar… sigue siendo posible si nos contamos dentro.
Esta exposición invita a practicar esa posibilidad. A mirar con paciencia, a reclamar estándares éticos sin excepción y a tejer vínculos que den sostén. El resto, el futuro que queremos, no vendrá solo. Nos necesita.
«Es como si alguien hubiera ordenado pasar por la trituradora de papel los documentos de la actualidad: cotizaciones bursátiles, cláusulas secretas, proyectos inconfesables, transacciones no declaradas. Todo lo relacionado con la codicia de los hombres. De la trituradora saldrían deconstruídas tramas, restos de naufragios, materiales de derribo, prevaricaciones, obscenidades, pruebas que no verán jamás la luz. Y ya fuera por afinidad, ya por querencia oscura o por complicidades diversas, esas trituraciones generarían amalgamas, redes de lobbies, nidos de serpientes, viciadas enredaderas sin escrúpulos. Pero alguien, con la punta de los dedos, empieza a tirar del hilo, a desenredar la madeja, a desandar el desorden, a transformar el lío en luz. Y por obra y gracia de los virtuosos dedos, del arte de la paciencia, lo que en el principio era el caos, la oscuridad, deviene en equilibrio y razón, en armonías de amables convivencias. Y ya no el turbio enredo sino la limpia musicalidad de ideas como flores, luminosos jardines de la mente donde la libertad y la alegría creadora entran en danza con eros y con logos. Frente a la triste podredumbre, brotan los hilos emergentes de la aurora. Frente al poder imperante de lo oscuro, ahí florece nuevamente el viejo lema de los humanistas florentinos: Virtù vince fortuna. Es el optimismo de la voluntad, de la exigencia. No todo está perdido.»
Esta exposición se inauguró el 19 de septiembre de 2016 en el Museo del Agua de Palencia, y el 8 de marzo de 2017 en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Valladolid. Su objetivo inicial, procurar mejorar este proyecto común que es la Democracia, se mantiene vivo. Será un placer contar con vuestra visita y vuestras reflexiones.